domingo, 24 de mayo de 2009

Vargas Llosa se pregunta si la Internet “¿aniquilará al libro?”


El escritor peruano nacionalizado español Mario Vargas Llosa apostó por la existencia del libro para que este “sobreviva” por encima de la Internet, en una entrevista que hoy publica la prensa local colombiana.
“Yo creo que la gran amenaza son las máquinas que puedan acabar con el libro. No sabemos qué va a pasar con ese desafío para la literatura que es la pantalla”, señaló el autor de “Conversación en la catedral” y “La fiesta del chivo”, entre otras novelas, al diario colombiano El Tiempo.
En la misma entrevista el escritor se preguntó si la Internet “¿aniquilará al libro? ¿Coexistirán?”, y responde que “eso está por decidirse, y muy pronto”.
A continuación subrayó que su apuesta “es por que el libro sobreviva” y explicó que “no es que esté en contra de la red, pero si la literatura se hace solo para las pantallas se empobrecerá, porque la pantalla hace que pierda profundidad y riesgo”.
Para Vargas Llosa, “la tecnología imprime a la literatura una cierta superficialidad”, aunque reconoce que “la correspondencia se había acabado casi y ahora con Internet resucitó, pero es una caricatura de lo anterior, que se hacía con gran cuidado”.
El papel, matizó, “infunde un respeto casi religioso al escritor”, por cuanto, agregó, “en la pantalla se escribe informalmente, no infunde respeto”, pues “uno se queda pasmado de la indigencia gramatical de los textos hechos para Internet”.
La pantalla, enfatizó, “incita al facilismo, a la frivolidad y el rigor desaparece”.
El autor de “Los cachorros” y “La tía Julia y el escribidor”, puntualizó en que puede “ser pesimista”, pero anticipa que “puede ser que el libro, si termina derrotado, quede en la catacumba, con una escritura cada vez más rigurosa y tal vez con menos cultores”.
Vargas Llosa llegará a Colombia esta semana para participar en una función benéfica en la que será presentada su obra teatral “Al pie del Támesis” por parte del Grupo Ochenta, de Venezuela.
Vía EFE

lunes, 11 de mayo de 2009

Libros de texto electrónicos y gratuitos


El estado de California quiere convertirse en uno de los primeros en el mundo en ofrecer libros de texto electrónicos gratuitos a sus alumnos de primaria y secundaria. El gobernador californiano, Arnold Schwarzenegger, ha presentado un ambicioso plan para reducir costes educativos a base de libros digitales y gratuitos, que se ofrecerán en bibliotecas públicas de todo el estado.
"A medida que la crisis presupuestaria continúa debemos buscar formas innovadoras de ahorrar dinero y mejorar servicios", ha señalado Schwarzenegger en un comunicado. "California fue construida sobra la innovación y estoy orgulloso del continuo liderazgo del estado en el desarrollo de tecnologías de la educación. Esta iniciativa pionera reducirá costes, favorecerá la colaboración entre distintos centros y ayudará a que todo estudiante californiano tenga acceso a una educación de primera clase".
La educación pública es costosa para el estado de California, que dedica gran parte de su presupuesto anual al sector. La grave crisis financiera que atraviesa el estado ha obligado a su gobernador a buscar formas de abaratar costes. Schwarzenegger ha trasladado al secretario de educación del estado Glen Thomas la necesidad de que los libros estén disponibles antes de otoño del presente año.
Difícil implantación
A pesar de las buenas intenciones del proyecto los libros de texto en California son objeto de controversia, y existe una gran cantidad de trabas políticas y burocráticas para una iniciativa de este calibre.
Actualmente existe bastante material gratuito en forma de texto digital en Internet, por lo que el principal desafío consiste en compilarlo, ordenarlo y editarlo para que apruebe las exigencias mínimas del estado. California posee además una de las leyes más exigentes a la hora de evaluar contenidos para libros de texto.
La intrincada burocracia estatal es otra de las razones por las que Schwarzenegger ha decidido limitar el esfuerzo al apartado de ciencias y matemáticas, según afirma la web de nuevas tecnologías Ars Technica en un artículo.
California posee uno de los mejores sistemas educativos públicos en los EE UU, con algunas de sus instituciones, como la Universidad de California en Berkeley, se encuentran en lo más alto de los rankings mundiales.

lunes, 20 de abril de 2009

El deber del editor




Juego de ojos/ Miguel Ángel Sánchez de Armas*



El director de un medio es como un jefe de Estado. Lo que decide en la soledad de su despacho tiene consecuencias más allá de la empresa, pues los medios alimentan a la sociedad. Hace unas semanas publiqué extractos de la memoranda con que Manuel Buendía como director de La Prensa en 1963, acicateaba a los reporteros para alcanzar la excelencia profesional.

Pero el responsable de un medio tiene además el deber de equilibrar las necesidades informativas con las exigencias empresariales, terreno harto delicado, y, confieso, difícil de transitar y de analizar. Un ejemplo de la vida real puede servir para acercarse a un tema que casi ningún director de medios querría abordar en público.

Debo a mi amigo Edmundo Murray el envío, desde Suiza, de la copia de la carta que el 26 de septiembre de 1882 el director de La Nación de Buenos Aires, Bartolomé Mitre, dirigiera a José Martí –“una excelente muestra de que el trabajo de un editor puede ser censura o puede ser ayuda”- después de que abreviara un escrito del Apóstol por razones que se explican en el cuerpo del texto (y que tienen un timbre curiosamente actual 126 años después). No conozco la reacción de Martí. La carta fue publicada en La Argentina en Martí, de Raúl Rodríguez de la O:

“Muy señor mío: La necesidad de un corresponsal competente en este país, era sentida por nosotros desde hace mucho tiempo, pero escollábamos en la dificultad de encontrar the right man in the right place (“el hombre idóneo en el lugar idóneo”). Hoy creemos haberlo hallado en Vd., halagándonos la esperanza de que su primera carta será el punto de partida de relaciones recíprocamente gratas y recíprocamente convenientes.

“Dicha carta –la primera de Vd. a que he hecho referencia- ha sido leída en este país y los inmediatos con marcado interés, mereciendo los honores de la reproducción en numerosos periódicos, algunos de los cuales le han dedicado –y a su autor por consiguiente-, muy favorables comentarios. Digo a Vd. esto para demostrarle que puede Vd. contar, en estas regiones, con un público lector que sabe hacer plena justicia al talento y la preparación literaria; honrando, en sus producciones, al que se distingue, como Vd., por esas brillantes dotes.

“La supresión de una parte de su primera carta, al darla a la publicidad, ha respondido a la necesidad de conservar al diario la consecuencia de sus ideas, en lo relativo a ciertos puntos y detalles de la organización política y social y de la marcha de ese país. Sin desconocer el fondo de verdad de sus apreciaciones y la sinceridad de su origen, hemos juzgado que su esencia, extremadamente radical en la forma y absoluto en las conclusiones, se apartaba algún tanto de las líneas de conducta que a nuestro modo de ver, consultando opiniones anteriormente comprendidas, al par que las conveniencias de empresas, debía adoptarse desde el principio, en el nuevo e importante servicio de correspondencias que inaugurábamos.

“La parte suprimida de su carta, encerrando verdades innegables, podía inducir en el error de creer que se abría una campaña de ‘denunciación’ contra los Estados Unidos como cuerpo político, como entidad social, como centro económico, con prescindencia de las grandes lecciones que da diariamente a la humanidad esa inmensa agrupación de hombres, tan poderosamente dotados, como el medio en que se agitan, para todas las aplicaciones de la inteligencia, del trabajo y de las levantadas aspiraciones. Y tal no era en su idea. De otras secciones de su misma carta, como de trabajos suyos anteriores, se desprende –y no podía ser de otro modo- que sabe Vd. hacer, y hace, completa justicia a lo que hay de grande, de noble y de hermoso en ese país, estimando en lo que valen las enseñanzas que, en medio de todos sus defectos, ofrece al mundo en los detalles y el conjunto de su portentoso desarrollo.

“Suele sucedernos a los que escribimos para el público, que de pronto nos encontramos con que nuestra pluma ha trazado un cuadro que, aunque ajustado a la verdad hasta en lo más insignificante de sus líneas, y relativamente completo en sus detalles, no da, sin embargo, idea acabada de la realidad del conjunto, o es susceptible de darla equivocada, tal vez por falta de lienzo, posiblemente por escasez de tiempo, acaso porque creado en un medio determinante alegre y luminoso o en un extremo brumoso y triste, nos sale todo luz o todo sombra, cuando debiera ser la combinación armónica de sombras y de luces que es el rasgo característico de todo en el mundo y en la vida, ya se trate de hombres o de cosas, de tiempos o de hechos, de colectividades o de individualidades.

“Su carta habría sido todo sombras, si se hubiera publicado como vino, y habría corrido el riesgo innecesario, publicándola íntegra, de hacer suponer la existencia de un ánimo prevenido, y mal prevenido, cuando no se trataba más que de un efecto de circunstancias dichas, bajo la influencia de una sucesión de hechos ingratos, desarrollada en el periodo de tiempo abrazado por su carta.

“Lo dicho bastará para explicar el pensamiento y la intención que han presidido a la reforma de su primera carta en la forma de que se impondrá Vd. por el número de La Nación que se adjunta, y abrigamos todos aquí la seguridad de que hará Vd. a intención y pensamiento la debida justicia, conservándonos su buena voluntad y la valiosa cooperación que de su privilegiada inteligencia esperamos.

“Y que esa reforma no le induzca a Vd. en el error de creer que aspiramos a ver desaparecer por completo de sus cartas la censura y la crítica, la exposición de lo malo y de lo perjudicial. Muy al contrario. Lejos de desear poner trabas a su espíritu en ese sentido, queremos que lo deje en completa libertada, haciéndonos conocer lo bueno como lo malo en el orden político como en el moral, en el social como en el económico; pero cuidando siempre de que ni remotamente pueda atribuirse a efecto de la intención, lo que debe ser únicamente el resultado de los hechos. Las absolutas, en puntos controvertibles, no pueden ser la regla, sino la excepción en ciertos escritos que se avienen mal con la propaganda como objeto exclusivo de su producción, y que destinados a la colectividad por quienes tienen para con ésta especiales obligaciones, necesitan consultar hasta cierto punto sus inclinaciones, sin por eso esclavizarse a sus caprichos o dejarse llevar por sus debilidades.

“No vaya Vd. tampoco a tomar esta carta como la pretenciosa lección que aspira a dar un escritor a otro. Habla a Vd. un joven que tiene probablemente mucho más que aprender de Vd. que Vd. de él, pero que tratándose de una mercancía –y perdóneme Vd. la brutalidad de la palabra, en obsequio a la exactitud-, que va a buscar favorable colocación en el mercado que sirve de base a sus operaciones, trata, como es su deber y su derecho, de ponerse de acuerdo con sus agentes y corresponsales en el exterior acerca de los medios más convenientes para dar a aquella todo el valor de que es susceptible.

“Vd., con su clara inteligencia, me comprenderá fácilmente, llenando los vacíos que el correr apresurado de la pluma, he dejado seguramente en estas líneas, y me creerá cuando le digo que se le abre a Vd. aquí un vasto campo de honrosa y benéfica acción, dependiendo en Vd. únicamente el que sea él rico en halagüeños resultados. La Nación, con su circulación más grande que la de cualquier diario hispanoamericano, con la respetabilidad de que goza, y con la compañía que le ofrece en sus columnas, es el medio más poderoso que pudiera Vd. encontrar para hacerse conocer en América, sirviendo a los intereses de ésta, al par que los suyos propios. Me halaga la esperanza de que así lo comprenderá Vd. y será este un motivo más de que nuestras relaciones, tan cordiales ya por mi parte, sean duraderas, con lo que será el público el que más gane.”

Molcajeteando…

Ando con más magulladuras que Jim Caviezel en la película de Mel Gibson. En mala hora publiqué el chistorete de “Batman”. Mis amigas me dan la espalda y se niegan a pagar sus consumos en las cenas, cual tienen derecho desde que alcanzaron la igualdad con los hombres. Incluso lectores varones me han satanizado. ¡Ay de mí! Mi querida SGG, desde Barcelona, da voz al clamor en mi contra:

“El chiste que has reproducido al final de tu último artículo me parece muy denigrante para las mujeres. Quiero decirte que a mi me lo ha enviado una amiga y me he reído, incluso, pero cuando lo medité con mayor atención me di cuenta que nos hace flaco favor a nosotras. Así que como sé que tú eres un hombre respetuoso con las mujeres, cariñoso y amable, te pido que reproduzcas este comentario para que tus lectoras y lectores se enteren de que no me agradan ese tipo de burlas a las señoras.”

¿Qué sucedió? Pedí a mis asesores que discurrieran sobre el asunto. Me entregaron un informe en 136 folios que pronto publicaré en versión abreviada. Hoy sólo adelanto una de las observaciones: “Su error fue colocar a una mujer casada en papel de ‘Batman’. Comprenda que cuando Olive Schreiner publicó en 1866 su Vindication of the Rights of Women el mundo era victoriano y hoy no lo es más.” No entendí. En descargo ofrezco un chascarrillo feminista (espero que mis lectores varones no me crucifiquen):

Una pareja vacacionaba en una cabaña junto a un romántico lago. El varón decide tomar una siesta después de la pesca y ella (nótese que evito mención al estado civil) saca la lancha y en el tranquilo centro de las aguas se pone a leer. A poco llega un guardia forestal.

-Buen día, señora. ¿Qué hace usted?

-Leo, obviamente.

-Está usted en una zona vedada a la pesca.

-Lo siento, oficial. Leo, no estoy pescando.

-Sí, pero en su bote lleva el equipo necesario y en cualquier momento podría comenzar a pescar; así que me tendrá que acompañar a la comandancia.

-Si usted hace eso, lo acusaré de asalto sexual.

-¡Qué! Ni siquiera la he tocado.

-Es verdad, pero tiene usted todo el equipo necesario para ello y en cualquier momento podría comenzar…

-Que tenga buen día, señora. Adiós.

*Profesor – investigador en el Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UPAEP Puebla. 18/06/08
sanchezdearmas@gmail.com


sábado, 18 de abril de 2009

Irán condena a una periodista iraní-estadounidense a ocho años de prisión


Roxana Saberi está acusada de espionaje.-


Clinton se muestra "profundamente decepcionada" por la sentencia
AGENCIAS - Teherán - 18/04/2009


La periodista estadounidense de origen iraní Roxana Saberi, de 31 años, ha sido condenada a ocho años de prisión por un tribunal de Irán, según a ha confirmado a la agencia Reuters su abogado Abdolsamad Jorramshahi.

Según el letrado, su defendida pretende apelar la decisión que ha adoptado un Tribunal Revolucionario de Teherán tras un breve juicio celebrado a puerta cerrada. "Nos han informado de la condena y en el plazo que me proporciona la ley apelaré", ha asegurado Jorramshahi.
La reacción de Washington ha llegado a través de la secretaria de Estado, Hillary Clinton. "Estoy profundamente decepcionada por la sentencia anunciada de Roxana Saberi por parte de la justicia iraní", ha asegurado Clinton, presente en la V Cumbre de las Américas, a través de un comunicado.
El caso de Saberi llega en un momento delicado para los dos países. Después de tres décadas marcadas por la desconfianza, ambos parecen haber adoptado una nueva postura diplomática. Estados Unidos ha manifestado su intención de darle un nuevo rumbo a su política exterior hacía Irán.
La joven fue arrestada el pasado 31 de enero, después de que expirara su acreditación periodística y desde entonces permanece en la prisión de Evin, donde encarcelan a los presos políticos. Saberi, de 31 años, avisó a sus padres, residentes en EE UU, de su detención diez días después; su padre denunció su arresto a la prensa tras llevar 15 días sin saber nada de ella. Roxana Saberi tiene la nacionalidad estadounidense y la iraní. Sin embargo, el país asiático no reconoce la doble nacionalidad. La periodista trabaja para medios como la BBC, la Radio Pública Nacional de EE UU, entre otros medios.
En un primer momento el padre de la periodista aseguró que había sido detenida por comprar una botella de vino, cuyo consumo está prohibido y penado en Irán, aunque finalmente se presentaron cargos contra ella por actividades de espionaje. Según el código penal iraní, el espionaje puede llegar a ser castigado hasta con la pena de muerte. En noviembre pasado, Teherán ejecutó a un empresario iraní que fue condenado por espiar asuntos militares para Israel.

martes, 14 de abril de 2009


TRIBUNA: MALÉN AZNÁREZ

Los periodistas y la doble crisis

MALÉN AZNÁREZ 14/04/2009


¿Estamos los periodistas preparados para afrontar una doble crisis económica y sus consecuencias? No hace falta señalar que una de ellas es la Crisis con mayúscula, la global que nos afecta a todos y que, a decir de los expertos, es la peor desde la Gran Depresión de 1929, aquella que nos dejó imágenes patéticas de largas colas de estadounidenses con raídos abrigos y sombrero esperando por un plato de sopa, o de gente arruinada tirándose en plancha desde lo alto de los rascacielos.


No hay que rendirse. Ésta no es una profesión para conformistas

Pero los medios de comunicación de todo el mundo, y en especial los impresos, los periódicos, están al tiempo sumergidos en una particular crisis vital que lleva arrastrándose desde hace unos años, provocada por la irrupción de Internet, los periódicos digitales, los gratuitos, la caída de la publicidad y las nuevas tecnologías, y que ahora, al socaire de su hermana mayor, ha estallado como una bomba de efecto retardado y amenaza con llevarse por delante no sólo a medios y redacciones, sino también a algunos de los elementos que han sido básicos en el ejercicio del periodismo en los países democráticos.

Las primeras consecuencias ya han empezado a verse: cierre o reestructuración de medios, reducciones drásticas de plantillas, despidos numerosos, jubilaciones anticipadas y, en algunos casos, elección entre congelación de salarios o despidos -desde junio pasado 1.800 periodistas han sido despedidos en España y se calcula que la cifra puede llegar a 5.000-.

Cunde el desánimo entre los profesionales veteranos que ven cómo se cierra una etapa del periodismo que, al menos en España, ha sido de las mejores de su historia. La comprendida entre la muerte de Franco, la Transición, y los inicios de la actual crisis. Una etapa en la que el despertar a la libertad, el adiós a la censura, el florecimiento de nuevos medios y el entusiasmo de unos profesionales que estrenaban democracia dieron lugar al nacimiento de un periodismo de calidad antes desconocido en el país, cuyos presupuestos esenciales eran la veracidad, el rigor y la honestidad. Un periodismo en el que se foguearon y crecieron, ¡y de qué modo!, un montón de profesionales que hoy todos conocemos y respetamos. Periodistas críticos con el poder, ya fuera político, económico, religioso o cultural. Y críticos también -lo que no significa desleales- con las empresas para las que trabajaban. Periodistas acostumbrados a defender, incluso a gritos, sus trabajos ante el redactor-jefe de turno, a no asumir en silencio órdenes caprichosas, vinieran de donde vinieran, y a pelear por llevar una noticia a primera página. Periodistas apasionados, críticos y autocríticos, actitudes, creo yo, esenciales en el oficio.

Un joven periodista planteaba recientemente a una mesa de veteranos colegas que debatían sobre la libertad de expresión, en la Asociación de la Prensa de Madrid, qué se podía hacer para cambiar el sombrío panorama que allí se reflejaba: reciente censura a los medios en Gaza; inconvenientes, cada día mayores, para acceder a la información; malestar de los jóvenes ante la para ellos imposibilidad de plantar cara a unas empresas todopoderosas; cortapisas económicas de éstas para hacer una información atractiva y de calidad; competencia de Internet, mucho más rentable para las empresas a la hora de cubrir conflictos en lugares lejanos, que amenaza con el fin del reporterismo... Entusiasmo; seguir batallando con el poder y el jefe de turno; no rendirse, porque ésta no es una profesión para conformistas; seguir haciendo información seria, rigurosa y sorprendente fueron algunas de las respuestas. En suma, calidad, porque la buena información seguirá siendo información, no importa el soporte en el que se venda.

¿Es posible mantener los principios éticos y el ánimo combativo en medio de un panorama de incertidumbre en el que lo único seguro es que no hay nada seguro? Un paisaje en el que las nuevas tecnologías de la comunicación se imponen a ritmo vertiginoso pero todavía no sabemos cómo serán los nuevos periódicos impresos que ahora se pergeñan, si es que realmente sobreviven... ¿Estamos preparados para, en medio del diluvio, jugarnos el tipo y seguir informando de la única manera que merece la pena: viendo lo que pasa en el lugar de los hechos para luego poder contarlo con la mayor honestidad posible? ¿Estamos dispuestos a resistir las viejas y nuevas presiones? Claro que, a lo mejor, todo esto son sólo tonterías, resabios éticos de un siglo que alumbró a periodistas como Kapuscinsky, García Márquez, Woodward o Bernstein, y lo único importante es contar cosas divertidas, ligeras, y, a ser posible, de bajo coste. Mucha comunicación y poca información.

El estupendo periodista que es Enric González decía hace poco, en este periódico, que se atisba una época en la que a cambio de no tener una cabecera que le ampare, el periodista quedará liberado de los compromisos de sus amos y será él mismo, expuesto a la intemperie, a solas con sus propios compromisos y errores. Y eso que González va por la vida de escéptico. Ojalá acierte, porque las democracias mal pueden sobrevivir sin una información libre y de calidad.

Malén Aznárez es periodista y vicepresidenta de Reporteros Sin Frontera España.

domingo, 12 de abril de 2009

Leer sin papel


La lectura de textos digitales en pantallas de ordenador, teléfonos y libros electrónicos ofrece ventajas e inconvenientes respecto al modo tradicional. Modificará nuestros hábitos y su avance parece imparable
JOSÉ ANTONIO MILLÁN 09/04/2009

Cuando le preguntaron a un especialista cuál sería el futuro del libro contestó: "Si por libros entendéis nuestros innumerables cuadernillos de papel impreso, plegado, cosido, encuadernado bajo una cubierta que anuncia el título de la obra, reconozco francamente que creo que la invención de Gutenberg caerá más o menos próximamente en desuso como intérprete de nuestras producciones intelectuales". Terrible predicción... que fue formulada hace más de un siglo, en 1894. Lo que entonces se suponía que iba a terminar con la lectura en papel era la grabación fonográfica.
Leer es una actividad neurológicamente complejísima. Lo hacemos con todo el cuerpo
Hay estudios que describen a lectores de 'web' como "promiscuos, diversos y volátiles"
Cien años después nunca ha habido más libros, pero ahora se anuncia que lo que va a desplazar al papel es la lectura en pantalla: en ordenador, en teléfonos avanzados o en esos aparatitos llamados lectores de e-books, libros-e o (como acaba de proponer el académico Darío Villanueva) portalibros.
Nadie sabe a ciencia cierta qué nos deparará el futuro, pero de momento el avance de los textos digitales ha provocado una extraordinaria cantidad de reflexiones y estudios sobre la lectura. Y de ellos podemos concluir que leer en papel es una operación muy diferente de la lectura en pantalla: mucho más de lo que podría parecer.
Y es que leer no es sólo acceder con los ojos al texto. Si así fuera, lo más cómodo sería un artefacto por el que fueran desfilando las letras (al modo de los textos que corren en las marquesinas), como en el cuento de Isaac Asimov que transcurre en 2157. Su protagonista recuerda: "Había una época en que los cuentos estaban impresos en papel. Era divertidísimo leer palabras que se quedaban quietas en vez de desplazarse". Es difícil que llegue este libro futuro de palabras móviles porque el lector común no lee letra a letra ni palabra a palabra sino que se administra a bloques, mediante saltos de los ojos, las porciones de texto que va descifrando.
Pero, ¿y la tinta electrónica?, ¿y esos dispositivos (como el Kindle, el Sony o el iLiad) que presentan página a página de quietas palabras, en condiciones casi perfectas de legibilidad? ¿No será lo mismo leer en ellos que leer en un libro o un periódico de papel? Sorprendentemente, no.
Los últimos siglos la lectura ha estado asociada a unos soportes materiales y a una serie de prácticas ligadas a ellos. Lo primero de lo que nos informa la obra en papel es de su tamaño: una novela o un manual de 700 páginas no encierra las mismas promesas que su equivalente de 150. Cuando las páginas que quedan por leer a la derecha del volumen forman un pequeño bloque, sabemos que ese encuentro de los protagonistas ha de ser el último que presenciemos, o que el autor considera que ya sabemos casi todo respecto a la materia que estudiamos.
Pero los artefactos lectores presentan idéntica apariencia para obras enormes o diminutas. Sí: indican de distintas maneras lo que llevamos leído en relación a lo que falta, pero eso nos informa de un modo sorprendentemente pobre sobre nuestra relación con la obra.
Los lectores electrónicos además aplanan el texto, suprimiendo las distinciones tipográficas y espaciales que lo jerarquizan a los ojos del lector. Hay que señalar que aquí radica también una de sus ventajas, porque permiten aumentar el tamaño de la letra para lectores con problemas de visión. Pero en productos textualmente complejos como los periódicos la jerarquización tipográfica es vital. El poeta experimental Kenneth Goldsmith creó la obra Day (2003) reescribiendo en un tamaño de letra uniforme la totalidad del ejemplar de diario The New York Times del 1 de septiembre de 2000, incluidos anuncios y cotizaciones de Bolsa. La resultante fue un tomo de 836 páginas tamaño folio. ¿Un solo ejemplar de un periódico contenía tanto texto como un novelón? Sorprendentemente sí, pero sobre el papel la disposición espacial y los tamaños de letra van diciendo al lector qué importancia y uso tiene cada texto: éste para lectura, éste para hojeo, éste sólo para consulta.
Otra cuestión que rompe con hábitos culturales sólidamente asentados es el hecho de que dentro del e-book convivan muy distintos libros. En la experiencia común, un tomo podía agrupar diferentes obras siempre y cuando tuvieran algo que ver entre sí, como ocurre en una antología o las comunicaciones de un Congreso. Pero mi e-book contiene un par de novelas de Galdós, otra de Neal Stephenson, los manuales del aparato, distintas selecciones de prensa del día, varias traducciones de la Biblia y una extensa convocatoria del BOE.
¿Perdemos algo leyendo en pantalla? William Powers, columnista de la revista estadounidense The Nation, llamaba recientemente al papel "el arma secreta de los periódicos": "La mayor fuerza del papel reside en el hecho de que la mente se asienta en un estado de tranquilidad apaciguada que da lugar a reflexiones más acertadas. Ese estado es mucho más difícil de lograr cuando se lee en formato digital donde la información es infinita y donde existen tantas actividades posibles en cualquier momento".
En efecto: hay estudios que describen a los lectores de páginas web, incluso académicos, como "promiscuos, diversos y volátiles", por su hábito de "picoteo" de páginas, lectura parcial y cambio frecuente de objeto. No es extraño que surjan programas que, como Readability, despejan el contenido de una página web retirando todo lo que rodea al texto central (propuestas de otras lecturas, anuncios, barras de navegación), con el objeto de que el lector se concentre.
El papel, por el contrario, ata al lector a una obra determinada, pero eso no es necesariamente malo. Encerrados en un vagón de ferrocarril con un único libro, se nos plantea el reto de proseguir su lectura, aunque sea compleja, mientras que situados ante una proliferación de obras podríamos saltar a otra, y de ella a otra más, sin nunca terminar ninguna... El papel también hace nuestro lo que leemos, a través de subrayados y anotaciones, operaciones imposibles o muy engorrosas sobre textos digitales.
No es extraño que cambios aparentemente menores en la práctica lectora (como leer en un soporte material o en uno virtual) tengan consecuencias notables. La lectura es una actividad neurológicamente complejísima. Una obra reciente de la psicóloga Maryanne Wolf, Proust y el calamar, nos recuerda que el acto de lectura no es natural: en él confluyen mecanismos cerebrales surgidos evolutivamente con otros fines, y de hecho el aprendizaje de la lectura cambia el cerebro del sujeto que la practica, hasta tal extremo que lo configura de una determinada manera si lee en caracteres alfabéticos (como el español) y de otra si lo hace en ideogramas chinos.
Por otra parte, la especialista Anne Mangen nos recuerda "el papel vital de nuestros cuerpos, incluso en una actividad tan aparentemente intelectual como la lectura": leemos con todo el cuerpo, y sobre todo con las manos y los dedos. Y también sabemos desde el Renacimiento que leemos en el espacio: quien haya preparado una tarea intelectual distribuyendo libros abiertos, obras de consulta y esquemas por la mesa de trabajo sabe lo difícil que es organizar y percibir la multiplicidad dentro de una pantalla. El lector como un homúnculo que se asoma por las ventanas de los ojos a la ventana de la pantalla es una construcción irreal y reduccionista.
Bienvenidos sean los libros electrónicos, que nos permitirán leer documentos larguísimos sin imprimirlos, y buscar palabras en sus páginas. Bienvenida sea también la lectura en la pantalla del ordenador, porque en muchos casos constituirá la única opción para leer obras a las que si no no podríamos acceder. Pero podemos estar seguros de que esta lectura nunca será "lo mismo" que la que habríamos llevado a cabo en papel: podrá ser suficiente para nuestros fines, podrá ser placentera, pero nunca será igual. Y sólo ahora estamos empezando a descubrir de qué maneras.
José Antonio Millán es escritor y coordinador del informe La lectura en España